El Rocódromo del centro deportivo San Pablo, abandonado y cerrado

Otra instalación que la dirección de San Pablo deja que se deteriore e impide su uso para el deporte base

Los escaladores sevillanos denuncian que dentro de la absurda política de cierre de instalaciones y dejación de funciones del centro deportivo San Pablo se encuentra también el rocódromo, la única instalación pública que hay en Sevilla para la iniciación en el montañismo y el fomento de la escalada de base.

A los escaladores de Sevilla no les sorprende que la dirección del centro deportivo haya cerrado la piscina de 50 metros, expulsando de ella a grupos que necesitan tanto apoyo como los triatletas o los discapacitados, o que el gimnasio se caiga a pedazos. Ellos llevan años sufriendo la política de la dirección en la gestión del rocódromo y un cierre “provisional” por reformas desde hace más de un año.

El Montañismo en general y la Escalada en concreto pasan por un extraño momento en la ciudad de Sevilla. Entre los deportistas de base existe bulliciosa actividad: en menos de 5 años han conseguido duplicar el número de adeptos de los deportes de montaña, mantener en funcionamiento tres salas de entrenamiento privadas o auto­gestionadas y equipar numerosas vías de escalada en el Puente del Alamillo sin prácti­camente ningún apoyo público, sacando los recursos de los bolsillos y el tiempo libre de los deportistas (con la honrosa excepción de la Federación Andaluza de Monta­ñismo, que aporta las únicas y escasas ayudas que recibe el colectivo).

Mientras el Ayuntamiento de Sevilla impide el acceso de los escaladores al rocódromo municipal de San Pablo (teóricamente porque esté haciendo unas reformas que jamas comienzan), los escaladores equipan vías en los puentes o inauguran rocódromos, como el del CSOA Sin Nombre, el último en llegar.

El rocódromo de San Pablo es la única instalación pública adapatada al aprendizaje de la escalada, el único lugar en que se puede enseñar y practicar de forma segura y cómoda el uso de cuerdas y los sistemas de seguridad y progresión en el mundo vertical. Allí se han impartido infinidad de cursos de iniciación, ha funcionado una escuela permanente de escalada y han entrenado tanto los deportistas aficionados como los mejores montañeros de Sevilla, como pueden ser Iván Jara (único sevillano en la cumbre del Everest) o Catalina Quesada (tercera mujer del estado en número de cumbres de más de 8.000 metros). Todo ello pese a la oposición constante y a las trabas de la dirección del centro, quien no sólo impide actualmente su uso sino que anteriormente delegaba las cuestiones de mantenimiento en los mismos escaladores, que llevan invertidos centenares de euros en una instalación a la que ahora se les impide el paso.

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